Receta para sanar


2 Crónicas 7:13-14 Versión La Palabra (Hispanoamérica)

13 Cuando yo cierre el cielo para que no llueva, cuando mande a los saltamontes devorar la tierra o envíe una epidemia a mi pueblo, 14 si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla, ora, me busca y se arrepiente de su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré sus pecados y devolveré la salud a su tierra.

Seguramente alguna vez te dijeron o has escuchado la famosa frase que casi toda mamá latina dice después de que su hijo(a) se lastima o golpea; sí, esas 'mágicas' palabras que parecen tener resultados inmediatos: “Sana, sana, colita de rana, si no sana hoy, sanará mañana". Y es muy probable que tú las hayas dicho también, ¿verdad? Yo hasta ‘cristianicé’ la frase, y en lugar de decir colita de rana, solía decirles a mis hijas: “Sana, sana, Jesús te sana”. En fin, que crecemos con frases que nos apropiamos ya sea por mera costumbre o porque relativamente las creemos, aunque sabemos que la colita de rana no tiene ningún poder para sanar. Pero esas palabras nos traen cierto tipo de alivio mental, porque aparentemente te sientes mejor después de haberlas escuchado. Pareciera que el solo decirlas ha quitado el dolor desde tiempos inmemorables y es por eso que la frase continúa pasando de generación en generación. Así que imagínate si una frase tan común para los hispanos dizque hace 'maravillas', ¡cuánto más puede hacer la misma palabra que sale de la boca de Dios!

La Biblia está llena de promesas. ¡Imagínate que existen más de 3000 promesas de Dios para tu vida! Sin embargo, para que Dios cumpla lo que dice, es necesario que hagamos nuestra parte; Él sin duda hará la suya, en Su tiempo y en Sus términos, pero te aseguro que serán mucho mejores que los nuestros. Hoy te comparto una gran promesa que la he llamado “La receta para sanar” y que es muy oportuna para el tiempo que estamos viviendo. Consiste de cuatro ingredientes para tener salud, para ser restauradas, para ser sanadas como personas, como comunidad, como país, dondequiera que tú estés si es que invocas el nombre de Dios. Empieza con Humillarte, mezclalo con Oración, agrega Buscar Su rostro, y no olvides apartarte de tus malos caminos, es decir, arrepentirte de tu mala conducta y abandonarla. Entonces, Dios promete escucharte, y no solo traerá sanidad como fin, sino que perdona tus pecados. ¡Wow, qué hermosa promesa!

Recuerda que la Palabra de Dios permanece para siempre, nunca cambia, es viva y eficaz y es tan oportuna hoy como lo ha sido por generaciones. Obedécela y espera los resultados. No olvides ningún ingrediente. Cree en el poder de sanidad no de una frase popular, sino de las promesas reales de Dios, y de ahora en adelante, tal vez digas como yo: ¡Sana, sana, Jesús te sana!


-Liz Paredes

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