Cuando Dios nos creó, nos creó con una conciencia de nuestro entorno, con la capacidad de discernir el bien del mal, la seguridad del peligro y lo correcto de lo incorrecto. Los miedos saludables funcionan como un sistema de alarma interno. Cuando nos acercamos a situaciones inseguras o consideramos tomar malas decisiones, se nos advierte del peligro potencial. Los miedos poco saludables, por otro lado, pueden paralizarnos y evitar que tomemos decisiones sabias. Estos temores abruman nuestras emociones, fomentan pensamientos irracionales y a menudo, nos impiden experimentar la vida abundante que Cristo quiere para nosotros. El miedo al hombre nos hace caminar por un camino de engaño y nos lleva al pecado y nos aleja de Dios. El temor de Dios nos da sabiduría y nos inspira a alejarnos del pecado y confiar en Dios. Aunque Dios nos permite pasar por experiencias de la vida que son temerosas, nos llama a enfrentar nuestros miedos confiando plenamente en él con nuestras circunstancias y nuestro futuro.
Valientemente enfrenta tus miedos implementando los siguientes pasos:
Buscar consuelo en la presencia de Dios.
Salmos 23:4 Aun cuando yo pase por el valle más oscuro, no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado me protegen y me confortan.
Aferrarse a la verdad.
Juan 17:17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Consultar consejo sabio.
Proverbios 12:15 El camino del necio es derecho en su opinión; Mas el que obedece al consejo es sabio.
Confiar en Dios con el resultado.
Jeremias 29:11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Padre, conoces mis circunstancias y el camino que es mejor para mí recorrer. Dame un valor inquebrantable para enfrentar mis miedos y permíteme confiar completamente en ti en cada paso del camino, Amen.
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